Vital

Otro día más. Aquí me la vivo. No sé si tenga que reevaluar las decisiones de vida que me trajeron aquí. La costumbre ayuda. Es sólo que, a veces, sobre todo cuando me preguntan a qué me dedico, me cuesta decir la verdad. Que me la vivo entre cagada. Sí, Luisa, cagada. No pude decirte eso. Te dejé la imagen de un ingeniero químico respetuoso que trabaja en la industria. Detalles vagos. Fue la primera cita, lo importante es dejar una buena impresión. Los contenedores están llenos, lo usual. Y es evidente. A diario cientos de miles de palancas se estiran una y otra vez para enviar todo tipo de desechos a través de tuberías que desembocan aquí. Una espiral de mierda. Nadie se pone a pensar en eso. En las espirales de mierda, meados, vómito, semen, fluidos vaginales, sangre, saliva. Y mucho más, desechos deshechos tan fácilmente por las coladeras. Los aceites me dan pesadillas. Hay de todo, todo se queda corto. Pero la mierda tiene su encanto particular porque sobresale, predomina. Seguramente no te pones a pensar en eso, Luisa. Yo sí me pongo a pensar en eso, yo tengo que pensar en eso. Porque alguien tiene que encargarse de eso. La modernidad bloquea lo incómodo. Sólo algunos pocos lidiamos con eso. Esto que respiro a diario. Lo más íntimo del ser humano que aspiro en cada partícula volátil flotando entre estos andenes metálicos que inevitablemente entran en mí. Contengo cientos de miles de personas particuladas hechas mierda en mis pulmones. Ya te respiré seguramente. Ya fuimos uno mucho antes de conocernos. Porque sí, así toda menudita, guapa, arreglada, te has de aventar tus kilos de caca. Me la imagino. No podría no imaginarla. Mira, como, en la alberca. Así le decimos aquí al contenedor principal abierto donde se integra todo para luego dividirlo una y otra vez. Tiene un color muy de mierda. Café potente, como el de en la mañana. Porque aunque contenga todos los colores, es así, café. Un caldo fecal muy marrón. A veces me imagino nadando en él. A veces quisiera aventar a alguna gente en él. Cagada líquida y brillante. Descomposición pura. El paraíso de las bacterias. Como el paraíso que quisiera conocer contigo, Luisa. Sí, quiero verte otra vez. Ya quedamos. Y que te iba a enseñar lo que hago a diario. Te vas a enorgullecer. Tienes que. Esto que hago es bueno. El producto de lo que hago es bueno. Mis decisiones de vida sí han sido buenas. Yo me encargo de todas estas tuberías que separan mierda de otra mierda. Y aquí, al final, al acto de abrir la llave, sale lo que quizás debería gritar con orgullo. Probar el fruto de mi esfuerzo.
–Ah, el agua está fresca.

Stefany GG © Junio, 2022

Aparece en la antología «Ñáñara» de Escritores que nadie lee.

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