La muerte obligatoria – Emilio Díaz Valcárcel

Narrada desde el punto de vista de un niño, cuenta cómo su tío llega al barrio para el velorio de su abuela, que aunque moribunda todavía no estaba muerta. Como era un señor ocupado y problemático lo dejaron ser. A pesar de todo el caos, la abuela parecía sonreír en su ataúd (ah, porque la metieron en vida para llevar a cabo el funeral y todo). Es una historia desordenada y con un buen toque de humor negro, que revela todas esas complejidades familiares presentes en todas, nomás de rascarle tantito.
La poeta construye una distancia emocional y temporal a través de la imagen del trópico, sugiriendo una desconexión con el pasado y sus raíces. Y nos habla de la figura de un padre, donde su trabajo ha quedado en el pasado, inactivo y olvidado y solo los boleros permiten hacer un enlace para rescatar sus memorias. En general captura la esencia de la nostalgia y una lucha por mantener viva la memoria de alguien que ha quedado obsoleto.
El autor nos cuenta cómo la distinción entre ballenas y peces está moldeada más por creencias culturales que por hechos científicos. Aunque las ballenas están clasificadas como mamíferos, las razones para excluirlas de la categoría de peces no son claras. En última instancia, tanto “ballena” como “pez” no son términos estrictamente científicos, lo que hace que la clasificación sea algo arbitraria. Y pues, al final, uno nombra como quiere. Aunque, conclusión, ballena no es pez.
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