Una primera persona nos narra un hecho de su infancia, al rememorar este pasado como si lo viviera de nuevo cuenta sobre un platillo tradicional familiar que era más siniestro que disfrutable. Nunca explica lo que consumían, sólo nos permite conocer su sufrimiento previo a su preparación en la cocina.
Me dejó a deber porque se queda un final muy abierto por más obra de misterio que sea, tanto cabo suelto parece más un fragmento de algo más que un cuento.
Al cansancio hay que ponerle el cuerpo – Misael Castillo

Comienza aprovechando la imagen de hojas de árbol caer para representar el paso del tiempo, a cada una dicha caída le afecta diferente y menciona un factor externo como la lluvia que también modifica su caída. Los últimos tres versos son una pregunta: ¿Se habrán cansado de rascar el cielo con sus cuerpos? Por esto entiendo como si se dieran por vencidas y aceptaran el destino final que es yacer en el suelo. Si relaciono esto con el título, para ver el paso del tiempo se necesita un medio físico y este se acaba, termina sucumbiendo ante él.
Es imposible saber con certeza lo que nos espera con las nuevas tecnologías de Inteligencia Artificial; aquí la autora se enfoca y especula en una de las tantas revoluciones que está trayendo: la interacción hombre-máquina dada por los chats que aprovechan modelos de lenguaje para replicar un estilo conversacional y responden preguntas o son aprovechadas para ocio o sentir conexión. Estos chats están presentes en variedad de industrias como call centers, educación, videojuegos, servicios o instituciones de salud mental. Tienen ciertas limitaciones porque no dejan de ser programas y confiar enteramente en ellos es peligroso, así como el trasfondo humano de quienes los programan que tienen ciertos objetivos y podrían manipular a sus usuarios. Quizá la única certeza es que definitivamente cambiarán la cultura online y sus formas de comunicación.
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