Las ruinas circulares – Jorge Luis Borges

El cuento -gira- en torno al tiempo, que es eso que nos enmarca pero sólo podemos entender basándonos en referencias. Hace un contraste con el sueño, apoyándose en él como mecanismo de atemporalidad, pues al soñar perdemos esa noción. Entonces, con nuestro marco de referencia común y habitual, tenemos un -día- de vigilia y una -noche- de sueño, pero estos se van alterando, invadiendo uno al otro hasta que se borra la diferencia y entramos en un -tiempo imaginario-, donde ocurre la creación. Y al final, si Borges viviera en la actualidad, diría algo así como «vivimos en una simulación».
Últimamente he pensado mucho en la historia de Ted Chiang «The Truth of Fact, the Truth of Feeling» donde la escritura y la palabra se comportan como este repositorio de información que -vive- independiente de sus creadores humanos pero transmite todo sobre ellos. Recomiendo, siempre. Y lo menciono porque:
Cada palabra articulada
lleva el peso de las lenguas del mundo,
marejadas de imágenes,
caracolas que aún no encuentran
su forma perfecta.
Cada palabra, fonema absoluto,
nos da de beber en sus manos
la idea de un pasado
que creemos para siempre.
La palabra,
la unidad mínima
de expresión ardiente,
la base de la experiencia diaria,
los ecos y el barro
que se amoldan a nuestra apariencia.
Cada palabra articulada
va formando nuestra segunda piel,
nos llena el paladar
con susurros alocromáticos.
Cada palabra articulada
es la arena de nuestro mar,
no existe ola que pueda llevarse el arenal
de nuestra orilla,
no hay sal que derrita o evapore
el grano edificado por la palabra dicha.
Sin importar la voz
ni el temblor de la garganta
la palabra siempre cae a nuestros pies
convirtiéndose en piedra o en camino.
Y sí, puse todo el poema porque, así como lo que implica la -palabra- en sí, funciona como una unidad con mucho contexto. La palabra es muy poderosa. Sobre todo porque la palabra define. Y es el núcleo a partir de donde surge la escritura para poder plasmarla y trascenderla.
Creo que le puso el título Verbum como referencia bíblica de «Al inicio era la palabra, y la palabra era con dios, y la palabra era dios.» o también como raíz etimológica. El caso es que resalta su poder creador.
Y, entonces, la palabra crea y define, define y crea. Muy pertinente a considerar, sobre todo hoy en día, cuando está ocurriendo toda esta efervescencia alrededor de las imágenes creadas a partir de texto (que técnicamente, ¿no es esto lo que hacen los poemas?)
Es parte de Critica de la razón pura, que tiene una naturaleza muy modular y el apartado de La escritura, como el resto del libro, está compuesto por varios subtemas.
Empieza con Memoria, un texto muy acorde para complementar las lecturas anteriores. La escritura como memoria extendida, como herramienta que trasciende el tiempo y marca puntos de partida. Y de hecho el autor también menciona a Borges, pero con su obra ensayística: Historia de la eternidad. Yo creo que si hubiera existido el cuento de Ted Chiang cuando escribió esto también lo hubiera mencionado. Y podemos incluir otra referencia, que hace éste último, a Oralidad y escritura de Walter J. Ong, como para tenerlo latente y echarle un ojo para seguir extendiendo el tema.
Luego sigue con Imprecisiones, donde la escritura al ser producida por alguien resulta que también es subjetiva. La importancia de considerar quién escribe la historia como recurso para conocer lo ocurrido, o quizá conocer alguna cultura, pues pasa por un filtro propio y entonces se hace necesario contrastar otras fuentes, sobre todo si uno busca -la verdad-. Menciona el samsara indio, que es la concepción del tiempo de forma circular, y entonces podemos hacer una relación directa con el cuento de Borges recién leído.
El siguiente -módulo- es el de Revolución donde hace mención a lo que se considera occidental que surge ante la «espontaneidad del verso oral y la complejidad de la escritura» que revolucionó la cultura.
Después Irretornable resalta a la escritura como esa implacable cronológica, que marca muy claro los antes y después, «entonces el tiempo perdido es irrecuperable.»
Finaliza con Evento, que contrasta la concepción ciclica sin fin del mito con la escritura que crea líneas de tiempo concretas. De lo circular a lo lineal y trazable.
Y no es que quiera terminar aquí, pero tengo mucho que digerir con esto leído. También me pongo a ensayar.
🖖
Deja un comentario